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Flexibilidad para adaptarse

¡Es la flexibilidad, estúpido!”, le dijo el escarabajo al mamut

En las elecciones presidenciales norteamericanas de 1992 competían George Bush padre, presidente en ejercicio, frente al aspirante Bill Clinton. Se trataba de una pugna desigual. Bush representaba los valores más arraigados de la sociedad americana. Además, acababa ganar de manera fulminante la primera Guerra del Golfo. Su rival era  hasta hacía unos meses, un desconocido en la escena nacional y gobernador de Arkansas, un estado sureño con el cuarto PIB más bajo de la Unión.

Pero ganó Bill Clinton. Por su personalidad, capaz de transmitir empatía; porque hizo una campaña innovadora, y por una frase (atribuida a su asesor James Carville) que resumía la esencia de su programa: “¡Es la economía, estúpido!”. Clinton comprendió que a los ciudadanos les importaban más los problemas del día a día –nuevos empleos, mejores salarios y que a ellos también les llegara la reactivación de la economía— que las victorias militares o ser, con el final de la Guerra Fría, la única superpotencia de la tierra. Los americanos no necesitaban reafirmar la grandeza de su país; necesitaban que sus dólares les llegaran a fin de mes.

La historia de aquellas elecciones presenta similitudes con la situación actual de la cadena logística. Como el mundo entonces, las empresas de hoy están inmersas en un entorno global, altamente cambiante y ultra-competitivo. Quien no sepa –o quiera—asumir los cambios y adaptarse a las nuevas exigencias, acaba por desaparecer. En ese contexto, el papel de la logística en las empresas ha pasado a tener una importancia central. Y, en consecuencia, la figura de su director. La logística ha pasado de ser una función poco atractiva donde, con frecuencia, se acumulaban las personas que no eran adecuadas para la producción, a convertirse en un verdadero campo de batalla en el que se disputa la ventaja de una compañía sobre sus competidores.

Llegar con sus productos antes, con menos costes y menos incidencias al cliente es tan importante como la propia calidad del producto. Y contar con los materiales, los suministros y todo los necesario para una producción eficiente, con stocks mínimos y costes optimizados, es igual de determinante. Todo ello coloca a la logística en el centro de la actividad empresarial. Es la flexibilidad, estúpido.

Los directivos conscientes de este imperativo se esfuerzan por dotarse la mejor tecnología para soportar las operaciones, eliminar errores e incrementar la productividad. La inversión en tecnología en los últimos años ha ascendido de forma considerable: software especializado, hardware diseñado específicamente para los procesos logísticos y comunicaciones digitales cada vez más rápidas y seguras. Adicionalmente, la irrupción de drones, impresión 3D y la progresiva introducción de programas de inteligencia artificial han revolucionado el mercado. Gran parte del extenso abanico de soluciones y productos disponibles hoy en día, muchos de ellos fundamentales para las operaciones, no existían apenas una década. Y en los próximos diez años se producirán más cambios –auténticas disrupciones— que en los 100 anteriores.

Y es que los modelos de negocio han evolucionado. Hasta hace unos años, se hablaba la cadena logística en singular. En la actualidad, existe una clara distinción entre   “logística convencional” y “cadena logística del eCommerce”. La revolución sólo ha comenzado y crece a una velocidad exponencial que conlleva una redefinición de los paradigmas operacionales. Los tiempos de entrega se han minimizado al igual que las cantidades por pedido y, por medio del big data, el conocimiento que las empresas tienen de sus clientes revolucionará los hábitos de consumo.

En todo este contexto de cambio acelerado, el outsourcing de operaciones logísticas es un factor clave. Un porcentaje altísimo de empresas lo considera ya una herramienta de gestión habitual: el 65% tienen externalizados al menos un proceso logístico o industrial en 2018. La idea de que “tenemos que hacerlo todo y tenemos que hacerlo de forma excelente” va desapareciendo. La misión de las empresas especializadas en externalización es estar a la vanguardia de los sistemas y procesos más eficientes para aplicarlos a sus clientes para que compitan mejor.

Quién se adapta, gana

Todo lo anterior (exigencias del mercado, aplicación de tecnologías en constante renovación, adaptación a factores y tendencias cambiantes) representa un desafío permanente para las personas: desde los operarios hasta la alta dirección, pasando por los mandos intermedios. De forma continua, se confrontan nuevos retos. Cuando se mira la historia de la humanidad, las especies que han sobrevivido a catástrofes, a cambios permanentes y que han tenido la flexibilidad suficiente para adaptarse y pervivir durante milenios en nuevos entornos no han sido las más fuertes ni las más rápidas, sino las más adaptables. Aquellas que han sabido modificar su morfología y su comportamiento a tiempo y de manera más eficiente que las especies rivales.

Tres factores influyen de forma principal en el incremento de la flexibilidad de una empresa.

De entrada, el talento de los empleados y su nivel de satisfacción, que redunda en la calidad de su trabajo. Las empresas que buscan empleados con altas capacidades están mejor preparadas para adaptarse y su nivel de flexibilidad es superior al resto

Un segundo factor es la formación permanente. Estamos en una era en la que el riesgo de quedar obsoleto es altísimo. Esto exige una esfuerzo continuado de actualización y, más importante, el compromiso firme de hacerlo. La presión del día a día lleva, a menudo, a relegar la formación. Al cabo de un tiempo, la empresa comienza a perder eficiencia, se deteriora su competitividad y sus empleados pierden motivación.

Y el tercero es centrarse en aquello que cada empresa sepa hacer mejor y establecer alianzas con los mejores partners para cada una de las actividades restantes. Llamémosle outsourcing, externalización o compra de servicios, pero la realidad es que ninguna empresa puede, hoy en día, desarrollar todas las actividades que necesita con una combinación de excelencia técnica o profesional, costes y disponibilidad  competitivos.

Estos tres factores, combinados en la medida adecuada para cada compañía, logran incrementar la flexibilidad y permiten a las empresas adaptarse a las necesidades de evolución que el mercado exija. Y lo que es más importante, facilitan la supervivencia en un mundo maravillosamente cambiante.

Esta flexibilidad para adaptarse permanentemente a los cambios es una característica que empresas y personas deben incorporar en su ADN, porque lo único que no va a cambiar nunca es el cambio. La cadena logística se transformará de forma continua y sólo aquellas que se adapten a las nuevas tendencias y necesidades sobrevivirán. inversión en personas retorna un alto rédito y proporciona ventajas competitivas.

En la naturaleza, ni el dinosaurio ni el mamut lograron adaptarse a los cambios cataclísmicos de su tiempo, sino el modesto escarabajo. Millones de años después, pese a glaciaciones y erupciones solares, sigue campando a sus anchas. Es la flexibilidad, estúpido.

escarabajo

José Luis López- Director Desarrollo de Negocio GrupoUno CTC