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La externalización In-house de los procesos: herramienta para combatir la crisis.

Cuando en 2009 cayó Lehman Brothers nadie, ni siquiera los más pesimistas y agoreros, hubiera imaginado lo que estaba por venir. “No hay crisis” decían unos, “Es un ajuste correctivo” decían otros, “la crisis durará un par de años” decían la mayoría… Para muchas compañías, era una crisis más. Ya se habían superado muchas crisis a lo largo de la historia y no había razones para preocuparse de una forma especial por esta nueva situación y, por tanto, no existían motivos para modificar la forma de gestionar.

Sin embargo, conforme pasaba el tiempo, la situación se agravaba y, en lugar de salir de la crisis, nos íbamos introduciendo en un escenario cada vez más sombrío y descorazonador. De hecho, para muchas empresas, no hubo tiempo de reaccionar y se vieron abocadas a cerrar o a vender su actividad.

Se empezaba a plantear en muchas empresas una pregunta que alcanzaba niveles obsesivos y que todos nosotros hemos escuchado (o la hemos formulado directamente) en los últimos meses: “Mis ventas están bajando, mis costes están subiendo… ¿qué puedo hacer? No puedo seguir así…

El incremento de ventas en esta situación económica es algo realmente muy complicado y muy pocas empresas pueden decir que lo han conseguido: empresas dedicadas al e-commerce, empresas que han focalizado su estrategia en la exportación o empresas con productos diferenciales han logrado aumentar de forma importante su volumen de negocio (o, en algunos casos, han mantenido sus volúmenes previos a la crisis). En general, no es la característica más habitual de las empresas españolas.

La reducción de costes tampoco es algo obvio. Si la abordamos desde el enfoque tradicional, muchas empresas se encuentran en una situación donde ya han hecho un trabajo exhaustivo durante muchos años, reduciendo todo lo que suponía ineficiencias, con unos procesos competitivos y unas dotaciones adecuadas. En muchos casos, se había logrado la “excelencia” operativa.

Además, hay otros elementos que añaden gravedad a la situación. La legislación laboral española aporta poca flexibilidad a las empresas y los diferentes jugadores de este partido (sindicatos, empresarios, administración) no logran consensuar posiciones para lograr una mayor flexibilización del mercado laboral español.

Todo lo anterior conduce a una ecuación que, a primera vista, puede parecer irresoluble. Y quizá realmente no tenga solución si se sigue pensando de la misma forma tradicional y ortodoxa que muchas empresas han utilizado durante muchos años. Pero estamos ante un escenario extraordinario y en estas circunstancias hay que cambiar la forma de pensar (y sobre todo de actuar) de forma drástica: hay que dejar en el pasado los modelos tradicionales y definir nuevos modelos de gestión que logren dar más competitividad a las empresas y ayudarlas a salir de la crisis en la que nos encontramos. O, al menos, a combatirla para esperar tiempos mejores.

Diferente escenario, diferente gestión.

El ser humano ha superado sucesivas crisis y situaciones críticas a lo largo de la historia. Y lo seguirá haciendo porque es la esencia de la vida. Esta crisis no va a ser la excepción por más que a muchos les parezca interminable. Sin embargo, la situación que vivimos va a tener un impacto muy importante en muchas empresas: buscan tener estructuras más ligeras para remontar el vuelo más fácilmente y, por más que la crisis pase, no van a querer perder estas características. Una vez que se ha aligerado una estructura, nadie quiere volverla a engordar.

La externalización –o outsourcing– de procesos de negocio aparece en este escenario como una alternativa recomendable y efectiva.Ha crecido de forma imparable en España en las últimas décadas. Logística, manipulados, instalaciones, recursos humanos, sistemas… cada vez más funciones no esenciales de las compañías se externalizan en un camino continuado de búsqueda de eficiencia e incremento de la competitividad.

El concepto de externalización es muy amplio y no todas las tareas se externalizan de la misma forma y con los mismos objetivos. En la situación actual, la externalización tiene que servir, por encima de cualquier otro beneficio, para incrementar la competitividad. Sin embargo, muchas veces, la externalización se plantea como una opción para “sacar” físicamente las actividades de las instalaciones de la empresa. En algunos casos, se justifica pero ¿no parece mucho más lógico y sencillo no sacar nada fuera y, simplemente, hacer que el proceso lo gestione de otra forma y a otro coste un especialista en esa actividad?

La pregunta parece obvia. La respuesta, también. Y el planteamiento se llama externalización de procesos in-house. La tendencia de la externalización in-house se está imponiendo cada vez con más fuerza y en más procesos de negocio: reduce costes, incrementa flexibilidad y permite ser más competitivo en un entorno cada vez más duro.

Conceptualmente es sencilla y absolutamente convincente: un proceso es realizado en las instalaciones de mi compañía por una empresa especializada que pone su personal y los medios necesarios, lo gestiona completamente, lo factura en variable según el resultado del proceso y si el proceso desaparece, desaparece con él. Entonces ¿por qué no se hace de forma masiva?
Se ponen encima de la mesa múltiples razones de todo tipo para no abordar iniciativas de este estilo. Alguna vez hemos comentado los mitos que rodean la externalización pero la pregunta que hay que formularse es ¿hasta cuando las empresas tienen tiempo para seguir sin abordar iniciativas que incrementen la competitividad y mejoren la flexibilidad? El modelo de empresa tradicional está transformándose rápidamente y lo que vamos a encontrar es un modelo mucho más colaborativo y mucho más focalizado. La integración vertical, típica del inicio del desarrollo industrial, dejará paso a una integración horizontal, donde muchos socios colaboren con un mismo objetivo. Y el outsourcing “In House” es un ejemplo claro de integración horizontal. La empresa de Outsourcing pasará a ser el ejecutor de muchos procesos. Y este nuevo modelo de gestión permitirá ser más competitivos y superar la crisis aunque haya que vencer muchas resistencias.
Aunque no nos engañemos, en el fondo sólo hay una: la pereza de muchas empresas a abordar iniciativas que pueden ser complejas y que cambian drásticamente las reglas del juego.

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